lunes, 26 de febrero de 2007

· Fuego ·

Un paso, un abismo. La prudencial distancia para no ser víctimas de nuestras pasiones; la suficiente cercanía para poder entablar conversación. Me lees y te leo y aún así parece que no nos entendemos. Vamos a destiempo, a contramano. En paralelo y a punto de chocar de frente. Una vida duró un segundo y lo lógico se volvió irreal. Incendiar pensamientos; una gran fogata de ideas y miradas. Un repiqueteo de corazones, tucu-tún tucu-rún tucu-ún.

Reinventar palabras para un nuevo mundo, ya nada es lo mismo y todo sigue igual. Morir y vivir, sonreir y llorar.

Algún día entenderemos. ¿Algún día entenderemos?

Algún día. ¿Algún día?



Y llovió. Llovía. Lloraba, llovía. Y del otro lado de la calle un gato se soñaba trapecista. Ida y vuelta por el pasamanos de un balcón. Hermosa metáfora bajo la luz de la luna.

The sun (will) shine, sun-shine. Little Sunshine.

lunes, 5 de junio de 2006

· Despojos ·

Despojar (Del lat. despoliāre).
1. Privar a alguien de lo que goza y tiene, desposeerle de ello con violencia.
2. Quitar a algo lo que lo acompaña, cubre o completa.

3. Desnudarse (quitarse el vestido).
4. Desposeerse de algo voluntariamente.


Él la empujó contra la pared, la besó con firmeza y desesperación; ella sólo pudo resistirse lo necesario para que no fuera evidente que le pertenecía por completo. En un remolino de abrazos entraron en la primera puerta que se interpuso en su camino y encendieron la luz casi por accidente. Dejaron de besarse, se miraron y se descubrieron. Hubo una pausa. El tiempo se detuvo, un segundo duró una vida y ellos estaban ahí, a dos centímetros de la boca del otro, el aire escapando con violencia. Se hicieron concientes de lo que estaban haciendo y no les importó.
Él dejó escapar una frase reciclada y algo se quebró dentro de ella. Un hormigueo le recorrió la espalda mientras él besaba su cuello y le desabrochaba la camisa. Cerró sus ojos y tuvo miedo. Miedo de repetir errores, miedo de no ser completamente conciente de que todo esto no era más que un juego (perdido de antemano) miedo de caer en la trampa, de ceder(se/le).
La camisa aterrizó en un rincón. La misma suerte corrió el resto de su ropa. Cerró sus ojos como si no quisiera volver a abrirlos nunca, mientras unos labios hambrientos la recorrían torpemente. Miedo, ese que la atravesaba de lado a lado. Temor de que aquello no fuera más que un sueño, uno de tantos en los que se había lo imaginado haciéndola suya.
Repentinamente la abrazó y ella, atónita, respondió por inercia. Un “te quiero” se desprendió de sus labios y el silencio se volvió incómodo. Desconcertada y aturdida, mordía sus labios y enumeraba mentalmente razones para no salir corriendo. Cada pensamiento se convertía en un ladrillo más; estaba levantando un dique invisible para evitar la tempestad que comenzaba a gestarse en su mirada.
Estaba desnuda, deshojada, vencida. Él había logrado que ella hiciera a un lado su respeto, sus ideales y su voluntad. Ella se había rendido y estaba dispuesta a cualquier cosa por él (para él). Él no la había desnudado, la había despojado.

miércoles, 15 de febrero de 2006

· Maldito Seas ·

Julia estaba sentada en el living de su casa, fumando nerviosa un cigarrillo, tragándose las lágrimas porque se había prometido a si misma no volver a llorar y era una promesa que no quería romper.- Te preguntás porqué decidí matarte – dijo quebrando levemente el silencio. – Deberías saberlo. Creo que de alguna forma así es. Ya no soporto tu existencia. Saber que estás ahí me hace mal. Sos el culpable de todos mis sufrimientos. Traté de decírtelo y no quisiste escucharme, hiciste oídos sordos a mis súplicas y seguiste adelante con tus planes de volver mi vida un infierno -.Julia interrumpió su discurso un segundo para mirar la ceniza de su cigarrillo consumido que había caído sobre su pantalón. Luego miró hacia la pared junto a ella mordiéndose los labios. Bajo ningún punto de vista debía llorar o cambiar de idea: El muy maldito debía morir. Se levantó y fue hasta la cocina por un vaso de agua. Las palabras eran como cuchillos y estaban comenzando a lastimar su garganta.De vuelta en el living apoyó el vaso ahora vacío sobre la mesa y continuó con su monólogo. Él no podía responder. Afortunadamente.- Si.. – dijo cruzándose de brazos – Sé que en parte es mi culpa por darte el poder necesario para arruinarme la vida. Pero no te creí capaz de jugar conmigo de esta manera.. ¡¡SÁDICO!! ¡¡EGOÍSTA!! – Julia se llevó las manos al rostro cubriéndoselo - ¿Es que no te importo? -.La tristeza se convertía en odio, en importancia  Cada vez que lo pensaba estaba más segura de que no quedaba otra opción más que matarlo. El maldito se negaba a cambiar y era una cuestión de supervivencia: Era él o ella.Julia se levantó de la silla y comenzó a caminar nerviosa y sin rumbo por el living de su casa. Se negaba a mirarlo. Temía que al hacerlo toda su ira sucumbiera, temía sentir lástima por el y terminar dejándolo con vida. Lo había planeado tantas veces.. Pero siempre le había faltado el valor para llegar hasta las últimas consecuencias. Después de todo, Julia, en el fondo, había sido una cobarde toda su vida.Decidida, y revolvió todo su cuarto hasta encontrar una caja que tiró con fuerza sobre la mesa.- ¿Te das cuenta? – abrió la caja, que contenía fotos, y las miró. – Una vida con vos.. TODA MI VIDA.. ¿Y para qué? Hubiera preferido no saber nunca de tu existencia. Hubiera sido más fácil vivir sin vos.. -.Tomó un puñado de fotos con ambas manos y las tiró al suelo enojada. -¡¡ME CAGO EN VOS HIJO DE PUTA!! ¡¡ME CAGO EN VOS Y EN TODA LA MIERDA QUE ME HICISTE!! – gritó desde lo hondo de su pecho tan fuerte como pudo.Julia tomó aire intentando calmarse y se sentó nuevamente en la silla. Se cruzó de piernas y tomó el cuchillo de la mesa entre sus manos. Se vio reflejada por un segundo en la brillante hoja metálica y notó que estaba llorando. Se secó las lágrimas con una mano y se peinó un poco. Cerró fuerte sus ojos, juntó todo su valor y gritó mientras se hundía el cuchillo en el pecho – MORITE HIJO DE PUTA.. ¡¡MALDITO SEAS!! –.Lo soltó y metió la mano en la herida para sacar su corazón. Todavía latía. El muy maldito. Volvió a tomar el cuchillo y lo cortó en tantos pedazos como le fue posible. Miró su obra satisfecha y sonrió, toda cubierta de sangre. Su corazón nunca más volvería a joderle la vida.

miércoles, 14 de diciembre de 2005

· Viaje a la locura ·

Agarrame la mano fuerte y no te sueltes. No tengas miedo, no te voy a dejar caer. ¿Adonde? Te invito a hacer un viaje sin escalas a la locura.
Desnudame en cuerpo y alma, parte a parte. Redescubrí lentamente puntos débiles de mi cuerpo que ni yo misma conozca. Acariciame suavemente como si temieras romperme y que tus ojos se aprendan de memoria cada curva de mis labios. Besame y saboreame con el placer que da lo prohibido. Dejame ser tu tentación, aquello que te haga caer.
Mirame a los ojos, soy sincera: Quiero ser partícipe necesaria de tu vida. Me declaro culpable de intentar corromperte. Condename a cadena perpetua, encadename de pies y manos a tu piel y alimentame solo una vez al dia con tus besos.
¿Libre? No quiero la libertad. Estoy confesando. ¿Ocupada? ¿Que la cárcel de tu amor ya tiene dueña? Maldita sea. Entonces te pido que hagas llover, que tu llanto lave mis culpas. Inundá el vacío que tengo dentro, ahogame.

El viaje a la locura anuncia su partida.
Todos los pasajeros favor de abordar por la plataforma.

Es mi vuelo, debo partir. Siempre te voy a estar esperando. Solo tenés que recordar: Estirá tu mano que yo la voy a sostener fuerte y no te voy a dejar caer. El vuelo a la locura es un viaje sin escalas y no hay pasaje de vuelta.

viernes, 2 de diciembre de 2005

El día que Cupido murió

Recuerdo
Recuerdo vagamente una tarde gris, un aire pesado, ahogado, húmedo.
Recuerdo un banco de plaza despintado, solitario, abandonado a su suerte.
Recuerdo un llamado, una voz del otro lado del teléfono, apagada, aturdida, consumida.
Recuerdo un encuentro, una conversación, un destino.
¿Me quisiste? ¿Me amaste? ¿Me mentiste? ... ¿Importa?


El día que Cupido murió


El día que cupido murió tenías puesta una remera azul. Lo recuerdo bien porque adoraba verte de ese color y te la había regalado yo misma, con la excusa de alguna ocasión en la que se regala algo a un ser querido. Tenías, también, todas tus pecas alineadas correctamente en tu cara formando mi constelación favorita, esa que tantas veces dibujó mi mano acariciándote tiernamente. Lo que te habías olvidado era la sonrisa, pero nadie sabía donde, ni siquiera vos mismo. La habías extraviado quién sabe cuándo y con el tiempo la diste por perdida. Una lástima, tenías una sonrisa tan linda.

Aquella trágica tarde también habías olvidado tu amor, todo los recuerdos de las cosas que compartimos, todas las caricias que nos regalamos y todos los besos que nos robamos. ¿O los habrías perdido en los brazos de alguna otra mujer?

Te olvidaste de todo lo que te quise, perdiste todo lo que juntos construimos. Encerraste con llave a tu corazón y la tiraste lejos. Fuiste ocultándote detrás de cerrojos que nunca me dejaste abrir.

El día que cupido murió, sé que fue tu culpa, aunque quizás lo olvidaste, como tantas otras cosas importantes que preferiste borrar, tirar, dejar atrás.

Cupido agonizaba, rogaba de rodillas que recordaras lo bueno, todos los momentos que nos había regalado, pero vos preferiste no escucharlo. Él disparó todas sus flechas pero nada parecía afectarte, cada vez más encerrado en tus escudos para sentimientos. Cuando buscó en su mochila ya no quedaba nada, aunque en realidad no tenía sentido; podría haberte tirado con su propio arco que jamás lo hubieras notado porque también habías olvidado lo que era el dolor. Y así, mientras Cupido se retiraba, derrotado, lo atacaste desprevenido y por la espalda, como un cobarde, disparando tu filoso "ya no te quiero", hiriendolo de muerte.

El día que Cupido murió, te habías olvidado los buenos modales en el bolsillo de tu otro pantalón y le pisoteaste las alas mientras te alejabas de mí, abandonándome para siempre.