Despojar (Del lat. despoliāre).
1. Privar a alguien de lo que goza y tiene, desposeerle de ello con violencia.
2. Quitar a algo lo que lo acompaña, cubre o completa.
3. Desnudarse (quitarse el vestido).
4. Desposeerse de algo voluntariamente.
Él dejó escapar una frase reciclada y algo se quebró dentro de ella. Un hormigueo le recorrió la espalda mientras él besaba su cuello y le desabrochaba la camisa. Cerró sus ojos y tuvo miedo. Miedo de repetir errores, miedo de no ser completamente conciente de que todo esto no era más que un juego (perdido de antemano) miedo de caer en la trampa, de ceder(se/le).
La camisa aterrizó en un rincón. La misma suerte corrió el resto de su ropa. Cerró sus ojos como si no quisiera volver a abrirlos nunca, mientras unos labios hambrientos la recorrían torpemente. Miedo, ese que la atravesaba de lado a lado. Temor de que aquello no fuera más que un sueño, uno de tantos en los que se había lo imaginado haciéndola suya.
Repentinamente la abrazó y ella, atónita, respondió por inercia. Un “te quiero” se desprendió de sus labios y el silencio se volvió incómodo. Desconcertada y aturdida, mordía sus labios y enumeraba mentalmente razones para no salir corriendo. Cada pensamiento se convertía en un ladrillo más; estaba levantando un dique invisible para evitar la tempestad que comenzaba a gestarse en su mirada.
Estaba desnuda, deshojada, vencida. Él había logrado que ella hiciera a un lado su respeto, sus ideales y su voluntad. Ella se había rendido y estaba dispuesta a cualquier cosa por él (para él). Él no la había desnudado, la había despojado.