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martes, 15 de marzo de 2011

Desvaríos de transporte público

Caminar silbando bajito las tres cuadras que me separan de la estación del tren, esperar pacientemente que sea puntual, que no llegue tarde, que no esté demorado, subirme al primer vagón porque de ese salgo más cerca de la salida y así puedo evitar la marea de gente, cuerpos sudorosos que me empujan, uno que no respeta los espacios personales y me toca la mano,  otro que no sabe que es de mala educación mirar fijo a la gente y me clava su libidinosa mirada, otro que por querer ser más vivo que los demás viene caminando desde el último vagón bamboleándose con el vaivén del tren y cayéndose sobre la gente que tiene la mala suerte de estar en su camino, aquellos de mal aspecto y poca higiene personal que deciden que pagar boleto es ser un tarado y se apuran a saltar del andén en un rapto de estupidez sin igual, llegar por fin a la estación y cuidar que no te roben ninguna pertenencia en el camino, mochila delante, abrazarla bien fuerte, pelea de fuerzas entre los que quieren entrar y los que necesitamos salir, gente que entra por la ventana, otros empujan, caos, gritos, peleas e insultos, pasar los molinetes, rogar porque la escalera mecánica no esté rota porque la otra es demasiado empinada y está toda meada y pegajosa y me da un poco de asco bajar por ahí, no queda otra, la escalera sigue rota, que asco esta gente que no respeta los espacios públicos, que bronca me da que la gente sea sucia, un vivo que quiere correr y adelantarse porque los dos minutos que se ahorra corriendo son imprescindibles para él, ah no, me lo encuentro en la estación del subte, tomándose el mismo que yo, pobre tonto, si se diera cuenta de que la vida menos apurado es mejor sería tanto más feliz, subirme exactamente en la puerta del vagón que una estación más adelante me deja exactamente en la escalera mecánica así soy la primera en subirme y evito la marea de gente que empuja y rezonga, igual siempre hay un tarado que se abalanza sobre mí y quiere ser más vivo que yo y sube la escalera mecánica caminando y pobrecito, otra vez la misma historia, me lo vuelvo a encontrar en la siguiente estación de subte, no te das cuenta tontito de que no ahorraste absolutamente nada haciéndote el indiana jones en la escalera, no importa, llega el próximo subte, otra vez calcular la puerta exacta que me ahorra tiempo y disgustos, otra vez los tontitos que la suben corriendo en la esperanza de ahorrar algún preciado minuto y porque no saldrás antes de tu casa si después por salir con el tiempo justo vas a tener que andar corriendo y ya se que estoy un poco loca pero me parece que la vida es tanto más fácil si uno se la toma con un poquito más de calma, y qué asco esa persona que tira mugre en la calle, si podés guardarte el papelito en la mano o el bolsillo durante dos cuadras más o peor, menos de veinte metros y tenés un tacho y olvidate, en el tren es todavía peor, la gente tira latas de cerveza, botellas de vidrio, la mitad de un pancho que no quisieron terminar, para qué respetar las reglas si podemos ser más vivos y cagarnos en todo, odio caminar por florida llena de turistas, me pone muy mal tener que ir haciendo zigzag porque ellos van paseando pero yo no, yo quiero poder caminar por lo menos una cuadra en línea recta o poder mirar la vidriera de una zapatería sin que la marea de gente me empuje y me aleje de esas chatitas que no salían tan caras, y bueno, mañana paso de nuevo y las miro más tranquila, es hora de entrar al trabajo, qué fiaca me da salir y hacer todo este camino a la inversa y encima la estación del tren de noche mete miedo, la gente que viaja de noche mete más miedo y ojalá no me pase nada, tendría que volverme en colectivo pero tardo más y de todas formas es lo mismo.

martes, 1 de marzo de 2011

Hoy más que nunca

Hay un rincón de esta ciudad que lleva tu nombre, una calle por la que ya no puedo transitar sin pensarte. Tengo amargos recuerdos escondidos en edificios, bares y portones de garage que esperan a que pase para despertar y seguirme.
Es tu culpa que ya no pueda caminar tranquila por todos aquellos lugares en los que alguna vez compartimos algo y por eso te odio, hoy más que nunca.

lunes, 21 de febrero de 2011

Ironía

Él definitivamente no era un héroe pero no podía vivir sin heroína.

jueves, 14 de agosto de 2008

· Estre(mecer)ME ·







estremecer.

(Del lat. ex y tremiscĕre, comenzar a temblar).
1. tr. Hacer temblar algo. El ruido del cañonazo estremeció las casas.

2. tr. Ocasionar alteración o sobresalto en el ánimo de alguien.

3. prnl. Temblar con movimiento agitado y repentino.

4. prnl. Sentir una repentina sacudida nerviosa o sobresalto en el ánimo.







Por completo o solo un poco.

Entre-ver-te-entre-los-dedos y saber que puede estre-mecer-me.

¿Será que existe una simetría entre la alegría más grande y el dolor más profundo?

Te/Me mostrás tal cual sos y no es suficiente, no alcanza, no-im-por- t - a .


Nada.
Nada importa.
Nada importa más que este instante, este infinito instante intranquilo en el que no te abrazo, en el que no te pienso, en el que no me importás. Tiemblo, porque se desata una tormenta de hielo y nieve dentro de mi, porque se/me consume el calor, porque no (me) queda aire para respirar.


Tiembla.
Todo tiembla.
Todo tiembla dentro de mi y afuera, una quietud inmóvil, estática, me envuelve, me rodea, me penetra y me asfixia.


Todo.
Quiero que todo tiemble.
Quiero que todo se estremezca de la misma forma que yo.
Quiero que se sobresalte el mundo, que se rompa todo en mil pedazos, o mejor en un millón.
Quiero que después de hoy no exista nada.
Quiero que después de vos no exista nada.
Quiero que nada vuelva a ser lo mismo. Nunca más, ni para mi ni para nadie.


¿Qué veo si te veo? (¡Si! ¡¡Te veo!!)
¿Qué ves cuando estás parado en el borde del precipicio, en la punta del trampolín y te catapultás hacia el vacío?
¿Qué pasa por tu mente?
¿Me extrañás en ese momento?
¿Te acordás de todo lo que hubieramos podido ser/hacer antes de que nos mataras?


Nunca.
Siempre.
O quizás solo algunas veces.


Piensa. Siente. Duerme. Sueña. Vive. Late. Respiro. Y sigue latiendo.

¿Sigue latiendo?

No logro distinguir un repique, un retumbar. Hay un eco, eso sí, una reminiscencia, un recuerdo vago e impreciso, algo semejante, casi idéntico, a lo que alguna vez sentí.


Ya no late.
Ya no importa.

lunes, 26 de febrero de 2007

· Fuego ·

Un paso, un abismo. La prudencial distancia para no ser víctimas de nuestras pasiones; la suficiente cercanía para poder entablar conversación. Me lees y te leo y aún así parece que no nos entendemos. Vamos a destiempo, a contramano. En paralelo y a punto de chocar de frente. Una vida duró un segundo y lo lógico se volvió irreal. Incendiar pensamientos; una gran fogata de ideas y miradas. Un repiqueteo de corazones, tucu-tún tucu-rún tucu-ún.

Reinventar palabras para un nuevo mundo, ya nada es lo mismo y todo sigue igual. Morir y vivir, sonreir y llorar.

Algún día entenderemos. ¿Algún día entenderemos?

Algún día. ¿Algún día?



Y llovió. Llovía. Lloraba, llovía. Y del otro lado de la calle un gato se soñaba trapecista. Ida y vuelta por el pasamanos de un balcón. Hermosa metáfora bajo la luz de la luna.

The sun (will) shine, sun-shine. Little Sunshine.