Hay un rincón de esta ciudad que lleva tu nombre, una calle por la que ya no puedo transitar sin pensarte. Tengo amargos recuerdos escondidos en edificios, bares y portones de garage que esperan a que pase para despertar y seguirme.
Es tu culpa que ya no pueda caminar tranquila por todos aquellos lugares en los que alguna vez compartimos algo y por eso te odio, hoy más que nunca.