viernes, 18 de enero de 2008

· Cadaver exquisito #2 ·

Agudo y punzante era el dolor de cabeza del que Héctor, pese a las grandes cantidades de calmantes, no lograba deshacerse. Una gota caía huérfana sobre su sien anunciando la gran tormenta que se avecinaba. Cerró sus ojos. Un grupo de gente y vecinos indignados llamó a la policía. El comisario gordo y maloliente preguntó: ¿Qué ha sucedido? Esa noche todo parecía un poco menos claro que ayer, y así decidió huir. Escaparse, evadirse, confundirse. No es fácil estar solo en este mundo, despertarte cada día, trabajar y volver cansado a una casa vacía y sin calor humano. Y definitivamente no se sentía para nada humano. Así que su cabeza reventó en colores y luces difíciles de describir. Pero el todo es inútil cuando no hay nada. Su corazón acelerado contempló la caída: Veo y entiendo todo a mi alrededor. Soy y somos parte del todo. Y algún día volveremos y habitaremos las raices. Evadirse, escaparse, diluirse, confundirse, disfrazarse, olvidarse. Entender, comprender, captar, asimilar, pensar. Y pensar y entender y comprenderlo y captar que uno es parte del todo.

Sol +
Naranja